Romance del Comendador de Ocaña
Fecha composición: 1947

Texto: Lope de Vega adaptado libremente por Joaquín de Entrambasaguas

Duración: 5'

Editor: EJR/UME
Orquestación:
soprano
2 2 2 2  2 2 0 0 P Hp Str
Versiones: hay versión del autor para voz y piano

Fecha y lugar de estreno:
05-04-1948
Teatro Español, Madrid. Lola Rodríguez de Aragón, Orquesta de Cámara de Madrid, dir Ataulfo Argenta

Material de orquesta en alquiler: vease

Discografía selecta disponible en nuestra tienda:

Discografía selecta no disponible:

Formatos de partitura disponibles:

1. partitura de orquesta
comprar
2. reducción piano
comprar

Letra:

Romance del Comendador de Ocaña.

(Texto de Lope de Vega)

Más quiero yo a Peribáñez
con su capa la pardilla
que al Comendador de Ocaña
con la suya guarnecida.

La mujer de Peribáñez
la más bella es de la villa
y el Comendador de Ocaña
de amores la requería
y el Comendador de Ocaña
de amores la requería.
La mujer es virtuosa
cuanto hermosa y cuanto linda;
mientras su esposo está ausente
desta suerte respondía:
Segador que desde lejos
has venido a nuestra villla
convidado del agosto
¿quién te dio tanta malicia?.
Cuando salgan las estrellas
a tu descanso camina
y no te metas en cosas
de que algún mal se te siga.
Quiero mejor ver mi dueño
en su jaca la tordilla,
llena de escarcha la barba
y de nieve la camisa.
La ballesta atravesada
y amarrados a la silla
dos perdices o conejos
y el podenco de trailla,
que ver al Comendador
con gabán de seda rica,
adornados de diamantes
el jubón y la capilla,
de caza con sus monteros
cabalgando en yegua fina
con el halcón en la mano
y el puñal de oro en la cinta.

Más quiero yo a Peribáñez
con su capa la pardilla
que al Comendador de Ocaña
con la suya guarnecida.

El Comendador de Ocaña
servirá a dama de estima
no con sayuelo de grana
ni sarta de gentería.
Le hablará en discretas cartas
de su amor a maravilla,
no campesinos desdenes,
envueltos en señoría.
Llegará en gentil carroza
los disantos a la misa,
no vendrá en carro de estacas
de los campos a las viñas.
Olerále aguantas de ámbar,
a perfumes y pastillas,
no a tomillo ni a cantueso,
mentas y zarzas floridas.
Vete pues, el segador,
mala fuere la tu dicha,
que si Peribáñez viene,
no verás la luz del día.
Y aun cuando el Comendador
me amare como a su vida
y se diesen fama y honra
por amorosas mentiras,

más quiero yo a Peribáñez
con su capa la pardilla
que al Comendador de Ocaña
con la suya guarnecida.

¡Ah!
¡Ah!