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"Alentaba en
Rodrigo un hombre del Siglo de Oro, español hasta los tuétanos;
su figura, su personalidad, se me antojaron siempre las de uno de
esos nobles plebeyos salidos del pincel de Velázquez, Ribera
o Murillo. Se reconocía en él al hombre sagaz, rápido
y gracioso, de tantos personajes cervantinos; palpitaban en su música
los rasgos de la más hispánica de las personalidades:
la de los protagonistas de la novela picaresca. ¿No había
acaso en su música la agridulce ternura, la sabiduría
ancestral, el escepticismo apenas teñido de amargura y la picardía
vivaracha de Lázaro, de Rinconete o Estebanillo? Quizá
por eso su música es ligera pero no banal, es alegre al tiempo
que melancólica, es fresca sin ser ingenua.
Quizá
por eso lo más inmortal de su inmortal música vaya de
la mano de las más arraigadas tradiciones hispánicas:
la guitarra de Gaspar Sanz, el madrigal, el villancico o la poesía
de San Juan de la Cruz."
Fragmento del
artículo En busca del más allá
de Alvaro Marías publicado en ABC el 7 de julio de 1999
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"¿Fue Rodrigo compositor de una sola obra? Sin duda no.
De no haber existido el concierto que le valió el marquesado
de los jardines de Aranjuez hubiera figurado también
en la historia de la música española
Su Concierto
serenata para arpa y orquesta, la obra En busca del más allá
que le encargó la NASA, son muestra más que suficiente
de un gran talento. Un talento con el que habrá quienes no
congenien. La popular, que no populachera, estética de Rodrigo
necesariamente había de chocar con las vanguardias. Y, por
qué no decirlo, con las envidias de muchas vanguardias frustradas."
Editorial: En
busca del más allá. Fragmento del artículo
publicado el 7 de julio de 1999 en la sección de Opinión
del Diario 16
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"Curiosamente,
algunas de las obras consideradas como las mejores, tanto por el compositor
como por los críticos, siguen sin grabarse: Ausencias de Dulcinea,
sobre textos de El Quijote, Cántico de San Francisco de Asís
(1982), sobre textos de San Francisco de Asís, una de las últimas
obras de Rodrigo.
A la hora de su fallecimiento, al contemplar su producción,
Rodrigo merece seriamente ser considerado como uno de los más
grandes compositores españoles del siglo veinte."
Fragmento del
artículo de Pablo Zinger publicado en el New York Timesel
29 de agosto de 1999
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El éxito del Concierto de Aranjuez de alguna manera ha
eclipsado las otras obras de Rodrigo; hace falta sacarlas de nuevo
y redescubrirlas, y no considerar a Rodrigo como el autor de una sola
obra, porque sin duda, el futuro nos enseñará otros
tesoros.
Traducción
de una cita de Julian Bream, publicada en la revista musical francesa
Classic FM, septiembre 1999
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El baile español, la poesía española,
las formas utilizadas por compositores españoles más
antiguos, todo encuentra su lugar en la producción de Rodrigo.
Y a pesar de la popularidad de El Concierto de Aranjuez, lo mejor
de esa producción permanece todavía desconocido: obras
como la exquisitamente bella Música para un códice
salmantino (sobre el poema Oda a Salamanca de 1953),
una cantata para bajo, coro y once instrumentos; o el extraordinariamente
depurado Himnos de los neófitos de Qumran, 1965-74 para tres
sopranos y orquesta de cámara, sobre textos de los Manuscritos
del Mar Muerto.
Si esas obras fueran mejor conocidas, la imagen popularmente extendida
del compositor de poco peso, folklórico, que inspira el desprecio
de conocedores más serios, tendría que
revisarse drásticamente. El arte de Rodrigo puede haber sido
modesto en su expresión hacia el exterior, pero junto a una
delicada ternura, contiene también lo épico y lo profundo.
Martin Anderson
escribió el 8 de julio de 1999 para The Thursday Review,
del diario The Independent , Londres.
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Rodrigo tuvo la sabiduría de atenerse a lo que le dictaba
únicamente su talento. Puede que mi vaso sea pequeño,
pero bebo en mi propio vaso', respondía a las críticas
de profesores supuestamente más avanzados, con esa sonrisa
socarrona de los ciegos lúcidos. Y ese afán de autenticidad
y determinación, felizmente preservado de las bogas pasajeras
que en cada momento han deslumbrado al siglo, ha mantenido su música
viva, conocida y querida
quizá haya llegado el momento
de que sea también valorada e interpretada.
Ese purismo, que en ocasiones ha desdeñado una obra imaginativa
y rica que va más allá del Concierto de Aranjuez,
se estrella indefectiblemente con la devoción unánime
de los melómanos de todo el mundo, que han dispensado a esa
y a otras partituras del maestro una acogida que para sí
quisieran tantos teóricos del serialismo, la dodecafonía
y otras vanguardias que el público no ama y no va a escuchar
a las salas de conciertos. Y es que en la contribución de
Rodrigo
figura en lugar destacado esa necesaria función
divulgadora de la música clásica, que en el rasgueo
de Yepes o de Segovia alcanzó rango de arte sublime."
Adios
al gentilhombre, fragmento del artículo publicado en
la sección Opinión del ABC el 7/7/99
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