A principios de los años 20, Joaquín Rodrigo era ya un consumado pianista y un estudiante de composición familiarizado con las corrientes vanguardistas más importantes del mundo del arte. Sus primeras composiciones datan de 1923 y están escritas en formas musicales pequeñas: Dos esbozos para violín y piano ('La enamorada junto al pequeño surtidor' y 'Pequeña ronda'), su opus 1. Son del mismo año la Suite para piano, Siciliana, para violonchelo y piano, Cançoneta para violín y orquesta de cuerdas, y un austero Ave María para voz y órgano, que años después arregló para coro a capella. La Berceuse de otoño, fue compuesta en su forma original para piano, pero Rodrigo la orquestó en los años 30, y la incorporó más tarde a la obra Música para un jardín, de 1957. Su primera obra para gran orquesta, Juglares, fue estrenada con éxito por la Orquesta Sinfónica de Valencia bajo la dirección de José Manuel Izquierdo en 1924.
Animado por este triunfo, Joaquín se presentó a un concurso nacional al año siguiente con una obra mucho más ambiciosa, las Cinco piezas infantiles, primera de las obras que dedicó a su esposa y por la que recibió una mención honorífica del jurado. Fue estrenada en Valencia el 16 de febrero de 1927 por la Orquesta Sinfónica de Valencia bajo la dirección de José Manuel Izquierdo en el Teatro Principal, y en París, el 28 de marzo de 1929, a cargo de la orquesta Walther Straram. Mención de la crítica parisina:
“(…)Hemos descubierto a un joven compositor español cuyo nombre conviene recordar, Joaquín Rodrigo. Sus Cinco Piezas infantiles, que fueron interpretadas ese día, están llenas de encanto y buen humor, de simplicidad y de precisa observación”. (‘Paris –Soir’ firmado por Louis Aubert, 2 de abril 1929)
En 1926, compuso su primera obra para guitarra, Zarabanda lejana, dedicada a la vihuela de Luis de Milán. Pronto llegó a las manos de Miguel LLobet, por aquel entonces auténtica autoridad en materia de guitarra, quien se dirigió en estos términos al joven compositor: “Usted intuye la guitarra y debe continuar escribiendo para ella, en la que le auguro grandes éxitos”. Acertados augurios pues con el tiempo, Rodrigo va a ser reconocido por sus muchas y variadas obras y por su aportación definitiva al repertorio para guitarra, logrando su consagración internacional como instrumento de concierto.